sábado, 19 de abril de 2014

Dulce anarquía.

Quien eres que vienes y llegas sin pronunciarte como una simbiosis de luz, amaneciéndome, y en el abrir y cerrar de ojos ante el encandilo, desapareces. 
Quien eres que mi espíritu se rehúsa a rechazar, que como cual cometa va de soplo en viento entre remolinos por tu inmensidad. 
Quien eres que, sin invitar, despejaste tu pórtico y en la ausencia de rebatos me escabullí sigilosamente hacia el cuarto donde corre tu historia, donde solfeo en silencio que me autorices a estar.
Quien eres, energía pura que moldeas tus días con materia estelar y vas brillando las bóvedas de todo el que pasa por tu deambular.
Quien eres, ser de cultas raíces que siembras tímidas poesías al Sol y cosechas la Luna celosa que se rinde ante tu fogón.
Quien eres, fruto de la nómada que de libro en libro te desplazas armando un anaquel de obras en el depósito de tu memoria, digna de admirar.
Quien eres coleccionista de crayolas que en la guarida de cuadernos esbozas la vida y al compás de los lápices coloreas las ruinas de la soledad.
Quienes eres, querube de fanales verdes que inhalas el fluido que forma la atmósfera y lo devuelves al éter en pequeñas cuotas de Edén.
Quien eres, fusión de partículas divinas que no das treguas a mis ansias de ganarme tu atención, que apareces entretanto y me arrebatas un coloquio pero al rato te diluyes sin premisas y me dejas en el aire el misterio de esperarte.
Más solo sabré quien eres, si no te pierdes de sobrado por el confín de las horas, si al menos me concedes el atlas de tu ser, si no te escapas por las riendas de cada ocasión, si dejas de poner en jaque las oportunidades a mi favor.


Antonella E. Saez.

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