miércoles, 9 de abril de 2014

BIG BANG Explosión de amor. Capítulo III

Todas las tardes de enero, a las 17:00hs Tomas tocaba el timbre de la casa de Ana. Se saludaban con dos besos y de inmediato se dirigían hacia la cocina en busca de víveres, mientras se contaban anécdotas, conversaban de cuestiones mundanas y hasta, muchas veces, Ana le enseñaba a Tomas alguna nueva palabra que enriqueciera su vocabulario vulgar, y sin dudas que todas estas cortesías los aproximaban más el uno con el otro. Luego bajaban al cuartito de atrás de la casa, la cuna del eterno 14 de febrero que había comenzado en Tomas, para dar inicio a los ensayos. Ana tomaba la guitarra, una púa, y encendía el amplificador, y en la elocuente concepción de los primeros acordes, Tomas sentía como todas las células de su cuerpo alcanzaban la felicidad. Ver a Ana rasguear, era ver la sinopsis de los mejores recuerdos que jamás tendría.
Que difícil se volvían, ahora, las circunstancias para Tomas. Su amada Ana guerrera de tantas controversias que la hicieron madurar de manera precoz jamás escatimo su ilimitada energía, pero Tomas ya no podía disimular el desgaste que le generaba su lucha interior. Se enfrentaba a si mismo intentando ocultar el incendio que lo habría impulsado a besarla, de no ser porque quebraba siempre las esperanzas ante la resignación. Era un aficionado a la locura de amarla encerrado en el manicomio de su corazón, era cual preso puesto en autocautiverio en su propia cabeza donde todos sus pensamientos se reducían a Ana.

Antonella E. Saez.

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