lunes, 7 de abril de 2014

BIG BANG Explosión de Amor - Capítulo II.

Comenzaban las vueltas por el virginal universo que lo cambiaría todo, absolutamente todo en la vida de Tomas, comenzaban las horas más lindas que, seguro estaba, jamás se apagarían del esplendor de su memoria, de la retina de sus ojos marrones. Sea lo que fuera que sea, Tomas se sentía vivo.
Empezaba a conocerse, empezaba a experimentar sensaciones extrañas, se notaba como una alimña de ansias y brotaba de sí el deseo más sincero de petrificar el reloj, de que el tiempo no fuera, para abrir el portal de la eternidad  en el preciso momento que coincidía con Ana.
La infinita imagen de Ana impresa en su mente, conspiraba a favor de un viaje visual por cada línea de su delicada figura...
Era mirarla y asomarse a un ventano del jardín del edén , era acercarse y empaparse la piel en un energético balneario con la luz de su aura...
Era sentarse a escuchar de que algo más intenso que un rock and roll restallaba de fondo porque ahora la música provenía de adentro y bailoteaba Tomás al compás de un ritmo estrépito, al compás de las cuerdas vocales de su corazón.
Tomas habría de reconocer que esto lo acobardaba significativamente pero a la vez, lo asombraba cuan lejos galopan lo sentimientos en pos de alcanzar la cornisa de la conmoción.
Su pulso acelerado delataba que Ana lo transportaba a una dimensión fenoménica y que ya no había tiempo para ser cobarde. La osadía lo buscaba para que admitiera
, de una vez por todas, que quería a esa niña, que quería a Ana como se quieren los adultos, como cual devoto quiere al sol por ser ese atajo a la gloria de Dios; como el alma quiere deshacerse de la carne para volverse al encuentro de su inmortalidad, como el génesis quiere la bienaventuranza perpetua, y el cosmos la evolución de la humanidad, como se quiere a una persona que por existir te devuelve la vida. 
Pero simultáneamente en Tomas se engendraba una inquietud que lo inmolaba en completo, una genuina sospecha que lo estaba asfixiando, una absurda tortura que lo acompañaría siempre en su largo camino al olvido, por haber confirmado después que su amor resultó, uno mas del montón, de los no correspondidos.


Antonella E. Saez.

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