sábado, 19 de abril de 2014

Dulce anarquía.

Quien eres que vienes y llegas sin pronunciarte como una simbiosis de luz, amaneciéndome, y en el abrir y cerrar de ojos ante el encandilo, desapareces. 
Quien eres que mi espíritu se rehúsa a rechazar, que como cual cometa va de soplo en viento entre remolinos por tu inmensidad. 
Quien eres que, sin invitar, despejaste tu pórtico y en la ausencia de rebatos me escabullí sigilosamente hacia el cuarto donde corre tu historia, donde solfeo en silencio que me autorices a estar.
Quien eres, energía pura que moldeas tus días con materia estelar y vas brillando las bóvedas de todo el que pasa por tu deambular.
Quien eres, ser de cultas raíces que siembras tímidas poesías al Sol y cosechas la Luna celosa que se rinde ante tu fogón.
Quien eres, fruto de la nómada que de libro en libro te desplazas armando un anaquel de obras en el depósito de tu memoria, digna de admirar.
Quien eres coleccionista de crayolas que en la guarida de cuadernos esbozas la vida y al compás de los lápices coloreas las ruinas de la soledad.
Quienes eres, querube de fanales verdes que inhalas el fluido que forma la atmósfera y lo devuelves al éter en pequeñas cuotas de Edén.
Quien eres, fusión de partículas divinas que no das treguas a mis ansias de ganarme tu atención, que apareces entretanto y me arrebatas un coloquio pero al rato te diluyes sin premisas y me dejas en el aire el misterio de esperarte.
Más solo sabré quien eres, si no te pierdes de sobrado por el confín de las horas, si al menos me concedes el atlas de tu ser, si no te escapas por las riendas de cada ocasión, si dejas de poner en jaque las oportunidades a mi favor.


Antonella E. Saez.

miércoles, 9 de abril de 2014

BIG BANG Explosión de amor. Capítulo III

Todas las tardes de enero, a las 17:00hs Tomas tocaba el timbre de la casa de Ana. Se saludaban con dos besos y de inmediato se dirigían hacia la cocina en busca de víveres, mientras se contaban anécdotas, conversaban de cuestiones mundanas y hasta, muchas veces, Ana le enseñaba a Tomas alguna nueva palabra que enriqueciera su vocabulario vulgar, y sin dudas que todas estas cortesías los aproximaban más el uno con el otro. Luego bajaban al cuartito de atrás de la casa, la cuna del eterno 14 de febrero que había comenzado en Tomas, para dar inicio a los ensayos. Ana tomaba la guitarra, una púa, y encendía el amplificador, y en la elocuente concepción de los primeros acordes, Tomas sentía como todas las células de su cuerpo alcanzaban la felicidad. Ver a Ana rasguear, era ver la sinopsis de los mejores recuerdos que jamás tendría.
Que difícil se volvían, ahora, las circunstancias para Tomas. Su amada Ana guerrera de tantas controversias que la hicieron madurar de manera precoz jamás escatimo su ilimitada energía, pero Tomas ya no podía disimular el desgaste que le generaba su lucha interior. Se enfrentaba a si mismo intentando ocultar el incendio que lo habría impulsado a besarla, de no ser porque quebraba siempre las esperanzas ante la resignación. Era un aficionado a la locura de amarla encerrado en el manicomio de su corazón, era cual preso puesto en autocautiverio en su propia cabeza donde todos sus pensamientos se reducían a Ana.

Antonella E. Saez.

lunes, 7 de abril de 2014

El fuego.

https://www.flickr.com/photos/ricardocavolo
Fuego Sagrado. Principio. Médula Universal.

BIG BANG Explosión de Amor - Capítulo II.

Comenzaban las vueltas por el virginal universo que lo cambiaría todo, absolutamente todo en la vida de Tomas, comenzaban las horas más lindas que, seguro estaba, jamás se apagarían del esplendor de su memoria, de la retina de sus ojos marrones. Sea lo que fuera que sea, Tomas se sentía vivo.
Empezaba a conocerse, empezaba a experimentar sensaciones extrañas, se notaba como una alimña de ansias y brotaba de sí el deseo más sincero de petrificar el reloj, de que el tiempo no fuera, para abrir el portal de la eternidad  en el preciso momento que coincidía con Ana.
La infinita imagen de Ana impresa en su mente, conspiraba a favor de un viaje visual por cada línea de su delicada figura...
Era mirarla y asomarse a un ventano del jardín del edén , era acercarse y empaparse la piel en un energético balneario con la luz de su aura...
Era sentarse a escuchar de que algo más intenso que un rock and roll restallaba de fondo porque ahora la música provenía de adentro y bailoteaba Tomás al compás de un ritmo estrépito, al compás de las cuerdas vocales de su corazón.
Tomas habría de reconocer que esto lo acobardaba significativamente pero a la vez, lo asombraba cuan lejos galopan lo sentimientos en pos de alcanzar la cornisa de la conmoción.
Su pulso acelerado delataba que Ana lo transportaba a una dimensión fenoménica y que ya no había tiempo para ser cobarde. La osadía lo buscaba para que admitiera
, de una vez por todas, que quería a esa niña, que quería a Ana como se quieren los adultos, como cual devoto quiere al sol por ser ese atajo a la gloria de Dios; como el alma quiere deshacerse de la carne para volverse al encuentro de su inmortalidad, como el génesis quiere la bienaventuranza perpetua, y el cosmos la evolución de la humanidad, como se quiere a una persona que por existir te devuelve la vida. 
Pero simultáneamente en Tomas se engendraba una inquietud que lo inmolaba en completo, una genuina sospecha que lo estaba asfixiando, una absurda tortura que lo acompañaría siempre en su largo camino al olvido, por haber confirmado después que su amor resultó, uno mas del montón, de los no correspondidos.


Antonella E. Saez.

BIG BANG Explosión de Amor. Capítulo I.


Tomas sabía que Ana no era su corresponsal, sabía que ella se había enamorado de si misma cuando él la hacia sentir que para alguien en el mundo era importante. Tomas le había devuelto los colores al sendero de su vida, había encendido la luz después de tantas angustias en el cuartito oscuro de su corazón que gritaba en silencio que alguien la liberara de tanto dolor…
Tomas, un muchacho escueto, guiado por la brújula del entusiasmo y por sus ambiciones de formar proyectos artesanos para no pasar desapercibido las vacaciones de verano, había llegado a parar al puerto del cual tanto, tantísimo después le costaría más de un otoño salirse de allí. Tomas había conocido a Ana.
Fue Ana para sí, ver el big bang repetirse… Un espíritu cósmico con la sabiduría de todas las eras, atrapado en el cuerpo de una pequeña mujer que en sus quince primaveras, su mayor escenario fue un campo de batallas familiares y de lo que menos supo fue de cuestiones de amor...
Y así, en aquella sala contraída por las altas temperaturas del estío, donde se habían representando y, porque no, prometido alcanzar el equinoccio del alba a través de las cuerdas de una guitarra, formaron una precaria banda de rock, y en paralelo, un nuevo universo se habría, un nuevo universo del cual Tomas, sin saberlo, ya tenía el primer y único boleto de ida, porque el de regreso, lejos estaba de su corazón.
Con la música como estandarte y movidos por esa pasión cosmopolita, fueron tachando los días del calendario y entre acordes, hazañas y risas, todas las tardes de enero, Tomas se fue enamorando de Ana…
Tomás, adolescente cuyo corazón aún no se estrenaba, tenía la convicción de que aquello que comenzaba a amanecer en su cuerpo emocional no era más que una formidable admiración hacia la perturbadora biografía de aquella muchacha cuya infancia y memoria estaba marcada por golpes que no provenían de la acachada, de bicicletas, y de típicos juegos de los arrabales, pero que ni eso, ni la noche más oscura cuando se enteró que papá y mamá se divorciaban, le habían hecho perder el frenesí por la vida…
No obstante, lo cierto era, que la filosofía de Ana puesta al desvelo para la supervivencia de todos sus días, para alivianar el dolor de tantas carencias, una sonrisa y los bolsillos cargados de anhelos, en verdad era algo más que un objeto de deslumbramiento ante los ojos de Tomas, porque él también la empezaba a vivenciar, de a poco iba perpetrándose más y más en las profundidades de todos los enredos que ataban a Ana, y, de ese modo, fue también haciendo para sí aquella doctrina de vida, innovadora por cierto, fue observando, fue superando límites de lo desconocido, y fue aprendiendo de que el caos no encuentra barreras de edad pero si un freno: la sonrisa con que su amada se enfrentaba cada aurora ante las circunstancias de su mundo, y, mientras tanto, todas las tardes de enero, sin advertir,Tomas continuaba enamorándose de Ana… (…)


Antonella E. Saez.

El uno.

Todos somos uno, Yo Soy vos y vos sos yo; comulgamos de la misma fuente y provenimos del mismo fuego; pero hay llamas tan ardientes que sobresalen de la gran hoguera y uno no puede evitar la mirada hasta quedar encandilado de tanta luz. 
Fue el efecto del Karma quien con una de esas llamas me hizo coincidir y aunque la composición ígnea de todas es la misma, el misterio en ellas es distinto; este fuego traía consigo la música de los colores y los ojos de un Reino Astral. Y cierto es, que es ese misterio lo que más seduce, creando en mi la sed de conquistar, el alma que sostiene dicha lumbre sideral. Me quedaría desarmando e inventando la manera de lograrlo, con la infalible convicción de que su fuego va a incendiar todos mis días de locura.

Antonella E. Saez.

Rayo de luz.

Algún día voy a capturar la efímera manifestación de un rayo, quiero obtener una fotografía de la expresión vigorosa del enfurecimiento de los Dioses. No por nada la globalización conspiró a favor de la transmisión de ondas electromagnéticas y colocó una antena al lado de mi casa... 
Por eso algún día dentro del acervo acumulado en mi computadora va a existir la imagen de un estampido que refleje la fuerza vehemente de toda la naturaleza para recordarme a menudo que esa energía sobrehumana no está presente únicamente en las tormentas o en alguna que otra película de terror, si no que vive siempre hoy, dentro de nosotros mismos, porque la sentimos todos los días dándole latido al propio corazón.

Antonella E. Saez.

Mamá.


No debería negarse que mamá es el sinónimo de aquella venerada Pachamama, para ser más franca podría decir que son la réplica de la naturaleza misma… 
Acaso las madres no son como los ríos, cuyo caudal desborda de amor, su agua dulce nos regalan y un corazón humedecido de orgullos por cada momento en el que nos ven crecer…
También hay mamás montañas, que llevan la natural misión, entre miles, de embellecernos el alma con su inmensidad, y que hacen prosperar en nuestro corazón la convicción de que siempre las encontraremos en ese lugar.

Mamá, dulce río, firme tierra caramelo…
Biblioteca de consejos y homilías e inolvidables paseos…
Mamá es imprescindible para la concepción de la vida, el fiable refugio ante la maldad y un eterno desvelo en nuestras noches de oscuridad.
Que sería de nosotros sin mamá, sin esa sustancia cuyas moléculas están formadas de amor y seguridad…
Mamá, cuando abrimos los ojos, es el primer tesoro
¡Mujer! Que chico es este mundo cuando no te valoro…

La mía Mamá tiene los ojos montaña color río y una risa contagiosa que endulza hasta los líos; sus cabellos son mil soles y su corazón es un inmenso tobogán a la Tierra de mi infancia. Es mi mejor fortuna, la recordadora de mis primeros deseos y la que más me abrazó cuando me asusté del Morfeo. Curiosa en todo su caminar, cocina la vida con peculiares recetas que van desde novelas y helados hasta ir todos los días al supermercado… Hoy hace 47 años atrás ella también comenzaba a descubrirse de la mano de una mamá… Feliz cumpleaños heroína. Y posdata: yo te elegí.

Antonella E. Saez.

Silencio.

Que es el silencio si no una copa vacía, el ansiolítico de la agonía y una obligación en cada Hospital. Silencio es el lenguaje del misterio, la revelación de nuestro interior, de lo absoluto que guardamos dentro. A través de él se comunica todo; cuando las palabras faltan y también cuando sobran lo único que queda es un eterno silencio. Para cual teniente el silencio es la bendita savia que alimenta sus oídos, una eufonía vacía con sonido a Dios…
Bienaventurado el compositor que alcanza el preciado estadio llamado silencio, porque es la magia del mismo quien toma las riendas de su inspiración y brota de sí las más grandes obras. Que sería de la música, si primero fue el silencio, si transportado al pentagrama representa una pausa, y en la vida nuestra también…
¿Pero de donde nace ese sonsonete lleno de ausencia de ruidos? Dominante en su capacidad de no proferir vocablo alguno llega a mí haciendo retumbar mi audición con su presencia, convocándome a la ceremonia de la Madre Reflexión, donde no veo escapes ni carteles de salida a mi propio pensamiento… Quizá el refugio más seguro sea el propio corazón, pero allí también palpita este silencio.

Antonella E. Saez

El escenario de la vida.

Cada santiamén es el escenario donde la sabiduría atesora el papel principal, salpicándonos con su fuego constantemente nos está induciendo a que nos involucremos en la escena, a que salgamos de la mera expectación y la función de críticos de cada dramaturgia, para que de una vez por todas nos adjudiquemos como los autores de nuestro propio teatro, al que disfrazamos con el nombre "realidad"; y apartir de ello tomemos la iniciativa de ser parte activa en el coliseo de la vida propia, movidos por la fuerza vehemente que nos da el latido cuyo único propósito es la evolución. Y quien podrá explicar en que consiste la evolución, más que la letra muerta de una definición; más que la mendiga explicación de que forma parte del abundante catálogo de acciones, si no somos nosotros mismos los que busquemos acabar con esa sospecha existencial. Quizás la verdadera evolución seamos nosotros mismos, es decir, simplemente ser; sin el velo de la personalidad, sin más protección que nuestra sola esencia; solo una supernova de nuestro Gran Creador.

Antonella E. Saez.